-
- DE ENCUENTROS
Y SOLEDADES
- Por Lic.
Adriana Piterbarg
-
-
- Tratándose
de encuentros y soledades podría comenzar diciendo que
en este contexto cotidiano encuentro más soledades que
encuentros, o tantos encuentros de soledades como
soledades de encuentros. Soledades que confluyen,
que se enfrentan, que se encuentran.
- Atravesamos
situaciones plagadas de incertidumbres, corridas, apurones, presiones
económicas y de las otras. Presiones que se cristalizan en el cuerpo
disfrazándose de los más diversos padeceres. Cuerpos despoblados de
otros que transitan sin detenerse en el estar. El
“aquí-ahora-contigo” se va esfumando en un presente que no ocurre,
se escurre, pasa vertiginoso sin abrir la posibilidad de demoras.
- Construimos
una realidad social donde reina el “salvesequienpueda”, donde
más que nunca cabe el “punto y coma, el que no se escondió se
embroma”, y nos escondemos, nos embromamos, dejamos de jugar y de
jugarnos...
- Patologías
de un presente sin presente, diferentes adicciones, pánicos, stress,
enfermedades psicosomáticas. Tiempos modernos, movernos, no vernos.
Apurarse a detener el tiempo antes que el espejo se arrugue, antes que
la autoestima se diluya, antes que las canas se aclaren o las
ideologías se oscurezcan. Aumentan las corridas y el desinterés
recíproco, vamos fabricando corazas aptas para la masificación y el
aislamiento. Masificacionaislamiento que no dejan de ser la
misma cosa, confundirse entre los otros desintegrando la propia
singularidad, o replegarse sobre un mundo interno vaciado de voces y
presencias.
- Cuerpos como
depósitos encadenados al perdurar, soledades acentuadas que engordan
día a día con la cultura light, una soledad sin edad, que nos
pasa y nos pesa aunque intentemos revolearla como a un poncho.
- Transcurrir
en un estar circulante de soledades, somos con otros que tampoco están
en el ahora.
- El
consumhombre postmoderno, perfecta creación de una sociedad de
consumo.
- “Dime
cuanto consumes y te diré quien eres...”
- Consumimos
objetos y bienes materiales tan imprescindibles como descartables,
pero también consumimos modos de relación. Relaciones esporádicas,
miedo al compromiso, transas, acciones conjuntas debilitadas donde el
otro es un intercambiable más.
- Intrincadas
problemáticas cotidianas que nos inundan y al mismo tiempo nos sirven
de escudo para no mostrar...
-
- Bien, o
te cuento...
-
- O algunos
pocos avezados que en el umbral de la desesperación te piden “una
oreja”, no por creerse Van Gogh, sino por necesitar de una
escucha, “¿una oreja?” como si uno no escuchara también con los
ojos, con la nariz, con la piel, con el estómago...
-
- “Bien, o
te cuento...”
- “Bien, o
te miento...”
- “Bien, o
reviento...”
-
- Y...
¿dónde estás interlocutor de mis decires que no te puedo encontrar?
- Una escucha
interesada produce efectos, y no sólo en el trabajo con pacientes
psicóticos, en una sociedad donde impera el desinterés general,
resulta necesario rescatar la interacción como un lazo propicio para
anclar en lo real. Anclar, depositar los pies en el ahora,
aprovecharlo, exprimirlo, saborearlo...
- El punto de
partida para destrabar soledades es el abrigo de la recepción de un
otro.
-
Un
otro que desde el rol de interlocutor promueva la
circulación de la palabra, fabricando una modalidad de escucha
significativa, permitiendo una salida operativa al aislamiento,
recuperando al menos una brizna de subjetividad.
- Dame tu
escucha y vamos ya...pero ¿adónde? ¿Cuál es el espacio destinado al
vínculo?
- Espacios
reales y virtuales que acortan lejanías y alejan proximidades.
Confieso que me atrapan y mucho los nuevos cybervínculos que supimos
conseguir. Que difícil de explicar esa cercana comunicación a la
distancia, esa maravillosa sensación de sumergirse en un buzón
electrónico y encontrarse quizás con quien, quizás desde donde, quizás
para qué...
- Contactos
sin tacto, compañías oportunas que desde una pantalla pueden adquirir
profundidades inesperadas. Como escribe la protagonista de
“Tienes un e-mail”:
-
- “Lo raro
de esta forma de comunicación es que te lleva a hablar de nada en vez
de algo, pero toda esta nada ha significado más para mí que muchos
algos.”
-
- Pienso que
navegamos por Internet como nos movemos en lo real, medio a la deriva,
buscando sin saber muy bien que, pero buscando, y en esa búsqueda
encontramos diferentes grupos. Grupos vulnerables y terapéuticos;
grupos de formación, de información, de formas múltiples y variadas;
grupos de autoayuda, para adelgazar, engordar, dejar de fumar, volver
a fumar, subir la autoestima, bajar el colesterol. Tantos objetivos y
una misma conclusión: todavía hoy en día el grupo puede ser pensado,
como lo proponía Lewin,
como un dispositivo apto para diversos fines, pero ojo que hay grupos
que son puro grupo.
- Creo que el
riesgo entonces es que un grupo se convierta en un lugar para el
desagote mutuo, un depósito de soledades por compartir, una sumatoria
de discursos deshilvanados, de monólogos paralelos sin
entrecruzamientos, donde las copresencias estén articuladas por un
“como sí” de ficciones.
- Pero si el
encuadre es lo suficientemente claro, un grupo puede ser un espacio
apropiado para el encuentro, y no hablo sólo de encuentros
conceptuales, sino de encontrar la posibilidad de volver a poblarse de
voces, de destejer frases hechas, de permanecer despiertos y
disponibles al vínculo. Es cierto que un grupo es más que la suma de
las partes, múltiples pensamientos y sentires que fluyen
desparramándose por los rincones más ocultos del yo facilitando
respuestas a situaciones inconclusas.
- En un grupo
podemos encontrar la ocasión para demorarnos. Demorarnos en el estar
próximos, con la intensidad suficiente para desplegar escuchas y
decires, para discurrir en las palabras del otro, para estar
escuchante de las propias ideas y de lo indecible, todo aquello que
provoca el encuentro más allá del discurso verbal, considerando al
encuentro con la misma profundidad que lo hacía J.L.Moreno.
-
- “Yo te
arrancaré los ojos
- y los
colocaré en el lugar de los míos
- y tú me
arrancarás los ojos
- y los
colocarás en el lugar de los tuyos,
- y yo te
veré con tus ojos
- y tu me
verás con mis ojos...
- Y nos
encontraremos”
-
- Encontrarse,
permanecer, ser con otros. Así como en lo corporal la piel es al mismo
tiempo zona de contacto y de límite, las palabras del otro son el
puente que marca acuerdos y diferencias.
-
-
Encuentros, mágicos momentos que dilatan los sentires,
- que abren
puertas acariciando el alma,
-
encuentros que respaldan la razón, acrecientan latidos,
-
deleitándonos con un sabor indescriptible.
-
Encuentros poblados de sonidos que acunan, habilitan, motorizan,
-
despertando las ganas de demorarse.
-
- Con el
devenir de la propia historia algunos vínculos van perdiendo
consistencia, pero también hay encuentros singulares y únicos que nos
encienden de ganas las ganas, convirtiéndose en una clara
invitación al vínculo.
- Intento
vincularme con lo que veo de vos,
- lo hago
porque veo que lo necesitás,
- porque
siento que lo necesito.
- Porque no
tengo nada mejor que hacer,
- porque es
lo mejor que puedo hacer,
- porque es
lo que quiero hacer.
- Lo hago
por otros vínculos
- que
todavía laten en mi mundo interno.
- Lo hago
porque no puedo evitarlo,
- lo hago
porque no quiero evitarlo,
- lo hago
porque lo que veo de vos
- es una
clara
-
invitación al vínculo.