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En búsqueda de la seducción perdida
 
“Me había parecido que iba a poder tocar
 aunque más no hubiese sido por una sola vez
 y durante un momento, fondo,
pero no toqué nada”
 
Juan José Saer
 
 
-Nada es eterno –sentenció la eternidad mirando absorta un punto fijo mientras caía la tarde.
-¡Todo es insoportablemente eterno! -afirmó la ansiedad comiéndose las uñas.
-Cambia todo cambia -cantaba Mercedes Sosa desde la antigua radio, pero nadie la escuchaba  porque la seducción se había perdido.
-Pero ¿dónde dejaron la seducción? -preguntó la impaciencia visiblemente alterada.
-Ahhhhh seducciones eran las de antes –suspiró la nostalgia acomodando unas fotos amarillentas en un álbum agrietado y polvoriento.
-Es cierto mírenme a mí –señaló el pasado atrasando los relojes- siempre fui y seré el mejor seductor.
-Déjense de tonterías porque yo me voy volando -los apuró el tiempo.
-Más vale pájaro en mano que cien volando -asoció libremente una incoherencia.
-Como les cuesta asumir que la seducción ya se ha marchado –susurró la vejez sacándose las cremas de la cara.
-¿Pero no se dan cuenta que hay que tener una actitud activa? A la seducción hay que buscarla ¡pónganse las pilas, che! –exclamó la autoexigencia mientras hacía abdominales, streching, pilates y la dieta de la sopa.
-Otra vez sopa, nooooo, ya se me cerró el estómago, tengo como un nudo ¿viste? -se excusó la depresión apareciendo como siempre cuando nadie la esperaba.
-Vos con esa sopa me acelerás el ritmo cardíaco –siguió la ansiedad comiéndose ella solita cuatro chocolates con almendras.
-Almendra…¿se acuerdan de “Muchacha ojos de papel”? ¡qué jóvenes éramos entonces! –recordó la nostalgia tarareando el tema del flaco Spinetta.
-Pero Nostalgia… ¿si vos en ese entonces ni existías? –dijo dudando una duda existencial recién llegada- ¿o es qué aunque no te veíamos siempre estuviste? ¿o es qué aunque no te veamos siempre estarás?
-Aunque no la veamos siempre está –cantó Marilina Ross poniéndose un adecuado protector solar.
-Como el sol –continuó otra duda que militaba en un viejo partido político- las dudas acompañaremos al hombre por toda la eternidad.
-A mí no me metan en líos –se defendió la eternidad sintiéndose injustamente agredida.
-Hagamos algo porque si esto se contamina con dudas existenciales y políticas estamos tan perdidos como la seducción -planteó la practicidad trayendo su caja de herramientas.
-Estoy de acuerdo, salgamos a recuperar la seducción -vociferó riendo la esperanza mientras se pintaba la cara.
El pánico en cambio casi los paralizó a todos:
-¡Cállense que me está por dar un ataque!
-¿En que lugar del cuerpo lo registrás? –indagó una psicodramatista un tanto descolgada.
-Eso es todo lo que hay que saber –aseguró una vieja certeza
-Saber o no saber, esa es la cuestión –agregó un aspecto irónico sin saber muy bien lo que decía.
-Yo no sé si quiero saber lo que quizás todos sepamos –confesó enredándose una timidez avergonzada de si misma- pero ¿qué es lo que hay que saber?
-Saber que se puede, querer que se pueda –les cantó la esperanza
-No se vayan por las ramas que estamos buscando a la seducción ¿se acuerdan? –volvió a intervenir la practicidad jugando el rol de un operativo coordinador grupal.
-No descansaremos hasta encontrarla –decretó la autoexigencia metiendo la panza adentro para esconder esos quilitos de más.
-¿Les parece que la encontraremos? -preguntó la indecisión dando un paso atrás y otro al costado- ¿Y si al buscarla terminamos perdiéndonos todos?
-La que se está perdiendo soy yo -los amenazó la paciencia.
-Es que la seducción no puede estar muy lejos, salgamos a su encuentro –saltaron las ganas con su mirada positiva- sólo es cuestión de tener buena voluntad.
-Conmigo no cuenten que acabo de perder una maratón –los previno la voluntad desplomándose en el piso.
-Nosotros en cambio siempre estamos listos –asintieron varios miedos en la misma sintonía.
-Con tanta excitación me parece que voy a acabar –apuntó el tiempo
-Sos un ordinario –criticó un viejo preconcepto emparentado con la aristocrática familia de las frustraciones.
-Congelen ahí –gritó el pánico con todas sus fuerzas apretándose a los miedos.
De repente algo se movió en el aire impregnándolos a todos con su inconfundible aroma. La seducción se desperezó, encendió sus ojos y acomodando sus rulos les dijo:
-Con tanto ruido no se puede descansar, ¿no pueden al menos por un rato no hacer nada?
-Es que nada es eterno -confirmó la eternidad mirando absorta el mismo punto fijo mientras la tarde seguía cayendo.
 
Adriana Piterbarg