El comienzo de la Era
Robinson
La vida está en otra parte
(Episodio 2)
En el último número de Campo
Grupal Luis Gruss escribió un artículo sobre el “Gran Hermano” al que
tituló “La vida está en otra parte”. Me pareció una “perlita” y
me dieron ganas de continuar con el tema.
Creo que justamente lo que ofrece
Gran Hermano es un extraño pivotear entre famosos desconocidos, ser
satélites de unas cuantas estrellas tan prefabricadas como fugaces.
La vida está en otra parte, pero
dónde...?
la vida está en otra parte,
la vida está aparte,
la vida es taparte,
la vida es apartarte,
la vida es atraparte,
la vida es taponarte...
Podrá faltarnos el pan, pero
nunca el circo...cierto es que circo que no has de consumir déjalo
correr...pero ¿cómo no opinar sobre un fenómeno que es casi una perfecta
radiografía de la sociedad en la que vivimos?. Cada uno en su isla
sumergido en la cruda batalla por sobrevivir, ¿o es qué no somos casi
todos una suerte de RobinsonsCruzoes posmodernos? luchando desde
un equipo eventual contra otros, y luego contra los mismos compañeros
(¿compañeros?)
Pelear por permanecer en una isla
o encerrados en “la casa”, una perfecta jaula televisiva. Pelear como
Truman contra mares bravíos y tormentas artificialmente construidas por
un Dios director de TV. Pelear hasta descubrir que el escenario se
termina, que no hay tal tormenta, ni tal horizonte, sólo una simple
puertita para salir a lo real...y el susto que da salir.
Una de las enseñanzas más claras
del GranhermanoCruzoe, indiscutible Martín Fierro contemporáneo
es:
“Los Grandeshermanos
sean nominados porque esa es la ley primera”
En otras palabras todos somos
descartables, potenciales enemigos los unos de los otros:
“Dime a quien nominas y te
diré quién dejarás de ser”
¿Por qué estos 12 elegidos
deciden enfrascar tres meses de su vida tras las cámaras? Evidentemente
buscan un premio que no pasa sólo por lo económico, sino más bien por la
posibilidad de un reconocimiento social generalizado. Diría que en estos
días de la Era Robinson, los reality shows son una buena plataforma para
despegar rumbo a la fama ...ya no hace falta vender el alma al diablo,
alcanza con hipotecar unas semanas de intimidad a cambio de una
notoriedad tan estrepitosa como etérea.
Según Sartre el ser humano cobra
existencia a partir de la mirada de un “otro”. La mirada del otro
enmascara sus ojos, parece adelantárseles, cosificando al que es
mirando. El sentir esta mirada nos conecta con la sensación de ser
registrados, de existir. Miradas de otros que habilitan, que censuran,
que juzgan, que sostienen, no sólo en la primera infancia sino a lo
largo y a lo ancho de la vida. Vida que nos muestran cual trofeo para
que miremos cómodamente por televisión.
¿Y qué buscamos al mirar?
Quizás satisfacer cierta fantasía
voyeurista...
quizás escapar por un rato de los
interminables sinsabores cotidianos...
quizás confirmar que la mentira
es mucho más sincera que la verdad...
quizás quizás quizás
y así pasan los días...
Así pasan los días, los ídolos de
hoy también pasan rapidamente por el trono del éxito. Los reality shows
van engordando, la Era Robinson avanza entre zapping y zapping, buscando
nuevos recursos para atarnos frente a la pantalla.
“A menudo los hijos se nos
parecen” (aunque no sé si así nos dan la primera satisfacción) del
mismo modo las producciones televisivas no pueden dejar de ser un espejo
de lo que somos, espejo por momentos distorsionado pero espejo al fin...
estos reality shows son algo más que un simple juego, son un popurrí de
los juegos que jugamos:
Por ejemplo es notable el auge
del antiguo “pisa pisuela” aunque esta vez no es color de ciruela
sino celeste
“sobrevivir al
anonimato cueste lo que cueste” pasar y
pisar pisando.
Otro juego el “veo veo” y
lo que vemos en Gran Hermano es ni más ni menos que la vida en directo:
“¡¡¡La vida misma!!!”
¿quién puede negarse ante tan tentador ofrecimiento?
-Si señora, si señor, para la
cartera de la dama o el bolsillo del caballero con un peine de regalo,
con ustedes: la vida misma...
“Bienaventurados los poseedores
de Direct TV pués de ellos será la vida eternamente televisada”
Me compadezco de esos pobres
seres que transitaron por este mundo antes de la era Robinson. Tantos
pensadores desperdiciaron su tiempo terrenal pasando por esta vida sin
siquiera sospechar que justamente la vida estaba allí, encerrada en un
monitor.
En esta nueva era “ La
Robinson” pudimos comprobar que no somos ni tan “grandes” ni tan
“hermanos”:
“punto y coma
el que no hizo un complot se embroma”
Menos mal que el Gran Hermano es
lo suficientemente grande para hablar sin ser visto, para escuchar
impávido confesiones variadas y desvariadas, para premiar o castigar las
pruebas más irrelevantes.
¿O será quizás que la vida es un
poquito más que lo que vemos en estos reality shows?
-
Se me ha perdido la
vida y dicen que el Gran Hermano la tiene...
-
¿Yo señor?
-
Si señor.
-
No señor
- ¿Pues entonces quien la tiene?
Es cierto Luis, la vida está en
otra parte, a veces viaja apretujada en un tren, se detiene en un
semáforo, se aburre en la cola de un banco, va a la escuela, deambula
entre purés y basurales. La vida está en otra parte, estirándose hasta
rincones inalcanzables para las cámaras de televisión.
Abril de 2001