Polémica corporal
- Mi mano derecha le
escribió un mail a alguno de mis riñones, no sé a cual de los
dos porque comparten la casilla...
- “Me parece que estás por
estallar, deja de juntar celos dentro tuyo...”
- Y el riñón se lo contó
al ovario izquierdo, su mejor amigo.
- - ¡Cómo se atreve!
- grito el ovario, que aunque era chiquito sabía inflarse de
ira como un gigante.
- Así fue como despertaron
al hígado de un mal sueño y este le bostezó sus tristezas al
oído.
- - Vos te quejás, pero si yo
pudiera empezaría a gritar lo que me pasa a mí en vez de escucharlos a
todos ustedes- dijo el oído mirando de reojo.
- - Si lo decís por mi,
no te hablo más y listo – amenazó la boca mostrando los
dientes de abajo.
- En ese momento un susto se
escapó del paladar, corrió por la garganta, la
faringe, logrando llegar al pulmón derecho quien
casi sin aire le sopló sus desventuras al intestino, cometiendo
el grave error de llamarlo grueso (es que a él nunca le gustó ese
apodo) - ¡¡Grueso estoy de toda la bronca con la que ustedes me
alimentan!! – se defendió el intestino.
- - Si sos un cagón – se agitó
la aorta batiéndole la justa.
- - Es que a mi las cosas no
me resbalan como a otras...
- Sonrojándose las mejillas
respondieron a coro:
- - Si es por eso, a nosotras
nos resbalan las cataratas con las que los de arriba nos bañan, con
tantas lágrimas nos hemos resfriado.
- Los ojos no acusaron
recibo, se mantuvieron fijos, sin parpadear siquiera. En cambio la
columna se retorció de dolor.
- - Es que se ha ido muy lejos
el amor ¿No se dan cuenta?- dijo la columna endureciendo un
poco más la quinta vértebra lumbar.
- - Cortala vos, siempre con
el amor, cada vez que hablas de eso me florece una contractura en el
omóplato, vociferó la espalda con vehemencia.
- - Ay!!!!!!!!!!!! ¿Cuándo
florecerá una ternura dentro mío? Se preguntaron entonces las
pupilas mientras les brotaba un nuevo brillo y se les caía alguna
vieja telaraña.
- - Dejen de mirar el amor -
saltaron presurosas las piernas - que después somos
nosotras las que tenemos que sostenerlos a todos.
- - Es que no comprenden que
nuestro amor se ha ido, ya no aspiré su aroma esta mañana – dijo
estornudando la nariz.
- - Se fue, hace bastante,
dejándome un buen nudo de recuerdo – comentó retorciéndose entre
sus jugos el estómago.
- - Ha partido el amor, muy
lejos de mis caricias, mis masajes ya no estacionan en sus pies –
confesaron las manos temblorosas.
- - Será hora de que empiecen
por casa, o creen que nosotros no las necesitamos – planteó el
pie derecho bien plantado y girando hacia la izquierda continuó
- ¿por qué será que siempre tengo que ser yo el que dé el primer paso?
- - Es cuestión de suerte,
peor lo que me pasa a mi, que me ha tocado siempre ser el segundo –
respondió el pie izquierdo que estaba haciendo terapia por
ese trauma.
- - No peleen chicos –
intervino conciliadora la rodilla.
- - Vos callate, ¿no era que
estabas harta de articular nuestros sufrimientos? – preguntó
irónico el tobillo de la otra pierna.
- - Acá la única que sufre soy
yo – siguió la espalda con voz de anciana quebrantada.
- - Basta por favor, voy a
enloquecerme con tanta discusión , necesito colgarme un rato –
imploró cabizbaja la cabeza.
- - ¿De dónde te vas a colgar
linda, de esas ideas debiluchas o de tus nuevas canas? – se rieron
de ella las orejas.
- - No damos más –
sentenciaron los brazos – nos bajamos aquí junto al ombligo.
De repente la piel palideciendo se acercó al megáfono y con
aire circunspecto les dio la noticia a todos:
- - Atención, les aviso que me
ha picado una nueva pasión, pronto sonaran las alarmas y se prenderán
las luces rojas en todo nuestro territorio.
- “Otra vez” - pensó el
esternón dolorido - pero se abstuvo de hacer ningún comentario.
Las venas aplaudían repitiendo maravilladas - ¡¡Otra pasión,
bienvenida sea!!
- Mientras tanto el corazón
satisfecho murmuró para adentro:
- “Suerte que yo sólo me ocupo
de bombear sangre”
Adriana Piterbarg
3/12/02