“Lo peculiar de nuestro gran calabozo
es esta especie de terror por el bosque.
La risa no podrá surgir
a menos que te subas al árbol”
Luis A Spinetta
La vida es un escenario abierto, ya existen elementos prehistóricos cuando llegamos, y desde ahí a poblarse de riesgos, sabores y sinsabores. Marcas, cicatrices, mandatos, expectativas y deseos se suceden mezclándose gracias a una alquimia singular. El pensamiento psicodramático nos conduce a ver la vida como escenas donde somos protagonistas, auxiliares, directores y auditorio. Al igual que Penélope vamos tejiendo y destejiendo nuestra historia, dando puntadas con o sin hilos, enredando y desenredándonos como un ovillo pero… ¿dónde está la punta?
“La vida es un ovillo que alguien enmarañó. Hay un sentido en ella, según esté desenrollada y extendida, o bien enrollada. Pero tal como está es un problema sin ovillo propio, un enredarse sin dónde.” Fernando Pessoa
El Psicodrama nos invita a detenernos en algún punto del recorrido, volver a Macondo después de cien años y descubrir que no todas han sido soledades, estamos poblados de otros que nos habitan formando parte del paisaje que vamos siendo. Nuestra unidad de acción como psicodramatistas es la escena, instrumento privilegiado para operar sobre la propia realidad, es una sala de parto donde nacerán nuevas conductas posibles, donde cada quien volverá a parirse a sí mismo. Como cualquier instrumento es necesario aprender a usarlo y afinarlo. En la escena danzan lo explícito con lo subyacente, conversan lo sutil con lo aberrante, se abrazan los dolores y los triunfos, se besan apasionadamente los ayeres y el mañana mientras el hoy mira atentamente las agujas del reloj. Quien plantea una escena nos invita a zambullirse en un paisaje, viajar por una historia, detenerse a mirar el recorrido. En este sentido realizar la experiencia psicodramática en un escenario natural posibilita entrar en contacto con aspectos más profundos de la conflictiva propuesta, cada paisaje abre las puertas de diferentes escenarios donde no siempre coinciden lo externo con lo interno.
Paisajes del Interior
Una historia, un lugar, un cuerpo...
Paisajes que colorean el alma, que la endulzan, que la entibian
Paisajes que perfuman el cuerpo, que lo acarician, que lo habitan
Paisajes que encierran estados anímicos,
Estados anímicos que se convierten en paisajes.
Paisajes dominantes que tiñen el “estar”, provocando una especie de mimetismo corporal,
van adentrándose en el ritmo cardíaco, cubriendo la piel, tatuándose en la espalda...
Paisajes por vivir, paisajes desconocidos, anhelados, inventados...
A veces el interior es un torrente incansable de agua que corre sin detenerse,
o una montaña segura, firme, casi frontal e impenetrable.
O una llanura extensa, interminable planicie para desplegar los sentidos...
Paisajes con mil distintos tonos de verde, de rojos, de naranjas, de incógnitas...
Paisajes históricos, añejos, envolventes, arcaicos...
Paisajes marinos con profundidades de caricias, con tesoros escondidos, con olas de pasión...
Paisajes selváticos, con secretos por descifrar, con elementos disímiles enmarañándose,
entrelazándose, ocultándose y mostrándose, conviviendo...
Paisajes del interior que cuentan historias
Historias que transcurren en un lugar,
Lugar que anida en un cuerpo,
Cuerpo que se vuelve paisaje...paisajes...
Paisajes del Interior es una experiencia psicodramática que venimos realizando en distintos escenarios: valles rodeados de montañas, glaciares, ríos, bosques, playas serenas o ventosas, formaciones geológicas antiquísimas, lagos, desiertos, selvas o antiguas ruinas enmarcan la escena a trabajar. Utilizamos los elementos que proporcionan estos espacios, arena, piñas, rocas, caracoles, plumas y hasta fósiles de dinosaurios. Cada paisaje convoca una escena, cada escena nos conduce a otro paisaje.
Escenario 1: Merlo, San Luis. “Me creció un Glaciar en el pecho”
Merlo es un lugar famoso por su microclima la propuesta es conectarnos con el microclima interno. Un río corre, las piedras callan, las escenas no dejan de brotar. El contacto con estos escenarios permite visualizar de manera global cuál es la realidad interna en ese momento vital, y desde qué paisaje personal nos estamos conectando con los otros. La protagonista dibuja los paisajes de su ahora, encuentra un glaciar enfriándole el pecho, el corazón, las ganas, una relación de pareja que no termina de terminar. Un silencio congelado y abismal que aturde.
“…estoy muriendo porque alguien ha creado un silencio para mí…” Alejandra Pizarnik
El silencio y los estruendos de un glaciar vincular.
¿Cómo romper el silencio? ¿Cómo descongelar un glaciar?
Con las partes de ese glaciar interior vamos armando el escenario, la protagonista entre dos sentimientos contradictorios, uno que obtura al otro, dos presiones de igual intensidad y sentido contrario se neutralizan, el “querer” y el “deber” juegan a la ruleta rusa disputándose el gatillo. Este conflicto vincular proyecta su sombra en el cuerpo con un apropiado correlato somático: dificultades en la respiración, sensación de ahogo, un corazón que se acelera y parece romperse. A veces nos congelamos soltando el timón, todo parece estar perdido.
“¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón” Fito Páez
No hay corazones por ofrecer, sólo se trata de descongelar las emociones y encontrar la brújula. Ubicadas las dos presiones en el escenario se maximiza la acción. Agudizar el conflicto, dar un sacudón desde lo dramático posibilita ampliar el terreno con otras alternativas. Despabilarse, estar presente, habitar el ahora.
“A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante”. Oscar Wilde
Y en ese instante se desprende un témpano, surge un grito que despierta hasta a las piedras, un “basta” que descomprimiendo comienza a derretir el glaciar
Escenario 2: Glaciar Perito Moreno, Santa Cruz. “Los Troncos de mi camino”
Caminar sobre el Glaciar es irse de paseo hacia la prehistoria, cada uno tiene su propia prehistoria…y allá vamos…somos mucho más que dos en este recorrido: de España, México, Venezuela, Brasil, Inglaterra y Argentina. Andamos juntos el hielo, escuchamos rugir una masa compacta que azulea nuestros ojos. El impacto es feroz, el escenario majestuoso, pero los elementos que hacen surgir la escena están al lado del camino.
“Me gusta estar a un lado del camino
fumando el humo mientras todo pasa”
Fito Páez
Al costado del camino hay una eternidad de troncos de lenga quemados hace tiempo. Condimentan el paisaje con un tinte nostálgico mientras toman la última bocanada de aire dejando de ser lo que han sido, simbolizando la presencia de la ausencia.
“Era el pasado, el pasado viviente, el pasado siempre vivo e interactuando con el presente” Niza Hyères
-Son los troncos viejos –dice la protagonista– ellos me oprimen el corazón, me llenan de pena.
-¿Quiénes son esos troncos? –pregunto
De la mano de ese interrogante entran otros troncos en el escenario:
Troncos que sostuvieron
Troncos ejes de crecimiento
Troncos ancestrales
Troncos despedida
Troncos padres
-Son mis padres
Se arma la escena donde intervienen los abuelos, los padres y los hijos de la protagonista. Mandatos que circulan y concomitantemente impiden la circulación de otros modos vinculares.
“Somos un eslabón en la cadena de las generaciones, y debemos a veces, curiosamente, pagar las deudas del pasado de nuestros ancestros” Anne Ancelin Schutzenberger
Troncos vejez
Troncos lágrimas
Troncos agradecer
Troncos bosque
Escenario 3: Bosque de Cariló- Buenos Aires. “Salir del cañón sin disparar”
Los troncos no están al costado del camino, se elevan bailando entre hojas y piñas. En este caso el bosque es el marco exterior para buscar escenarios internos. Un paisaje lleva a otros paisajes, aparece un Cañón. La protagonista en el medio de un cañadón, le van cerrando el paso dos paredones muy altos.
Los paredones son voces,
las voces son mandatos,
los mandatos son miedos,
los miedos son paredones que cierran y encierran.
Cuando las sogas tiran más de la cuenta, cuando los golpes vienen desde los lugares más inesperados, cuando el camino se angosta demasiado, cuando las ganas de disparar se convierten en un disparate…
Una de las ventajas que abre el psicodrama es reacomodar el escenario, desconfundirnos de los roles que jugamos, reubicarnos. Observar y preguntarse ¿cuál es mi rol en esta escena? ¿Soy protagonista, auxiliar o auditorio?
“El mundo entero es un escenario, todos los hombres y mujeres -simples actores- tienen sus salidas y sus entradas; y un solo hombre, en su momento, representa muchos personajes”. William Shakespeare
El objetivo de este trabajo es lograr un nuevo posicionamiento yoico, la tarea es abrirse paso entre este cañadón, intentando que el dilema se problematice, multiplicando las salidas en busca de un horizonte inexistente, y cuando no hay horizontes divisables nada mejor que construirlos. Comienza la búsqueda hacia otros rumbos desde el cañón.
Escenario 4: Cañón del Atuel. Mendoza. “Un paraguas para aquel pozo”
Una lluvia copiosa baña el trayecto, las formaciones rocosas se hacen de este modo más nítidas, el barro se nos trepa a las rodillas y al recuerdo. La lluvia trae otras lluvias, el agua inunda el escenario de la infancia. La escena se despeja. Lluvia, autos que pasan salpicando, una niña con paraguas cayéndose en un pozo. El tiempo se detiene, la angustia avanza…caerse, hundirse, sostener un paraguas. Hay tormentas que atormentan, que embarran el escenario, el fondo se convierte en figura y la figura se hace fondo…y allí en el fondo de la infancia todos tenemos un “niño herido”a quien seguir cuidando. El paisaje es una esquina inundada, un pozo, una mamá no continente, un paraguas que se convierte en paracaídas, una lluvia que se vuelve peligro. Hasta ahí, ahora adulta, regresa la protagonista desplegando esta escena reparatoria, vuelve a esa lluvia, a ese pozo, a abrazar a su yo-niña, a abrazarse.
No ahogarse en un vaso de agua ni en un océano, aprender a nadar en los maremotos, salir de los pozos, ¿será este el incierto sentido de estar vivos?
La escena como la ocasión de resignificar, de reparar, dejando de lado la autocompasión, dándole un descanso a nuestra máscara de víctimas. No ser cómplices de nuestras complejas complicaciones. Sumergirse en una escena de la infancia es una forma de convertirse en su propio paraguas y llevarse de la mano hasta la orilla.
Escenario 5: Orilla de la playa de Cariló. “Una gaviota inmóvil en el colectivo”
-Soy como esa gaviota que se queda quieta en la arena mientras las otras levantan vuelo. ¿Por qué no vuela esa gaviota estancada y absorta? ¿Por qué si la playa es extensa y el cielo un frondoso continente?
Inmovilidad, anclar en un punto del pasado, quedarse atado al dobladillo de una vieja historia. Un ahora y aquí que nos llevan volando hacia el allá y entonces. La escena sucedió hace casi veinte años, volvemos allá: un viejo amor, un gran amor, un último amor. Así como la gaviota clavada en la playa quedó esta protagonista anclada a un amor que la amortaja
“Las uvas viejas de un amor en el placard
son esas cosas que te están amortajando”
Luis A Spinetta
Este amor no está guardado en un placard, se detuvo la última vez que se encontraron por casualidad, en un colectivo, y no sólo se detuvo este amor sino la posibilidad de abrir las alas a otro amor. Parálisis, imposibilidad de decir, obturación.
¿Qué nos pasa cuando lo que nos pasa no se nos pasa?
Cualquier acción es precedida por una intención –consciente o inconsciente- de llevarla a cabo. Podemos pensarlo como una ecuación:
Intención + Acción = Cambio
Resulta simplemente imposible iniciar un cambio si uno no tiene ni siquiera la intención de hacerlo. Cuando si hay intenciones pero no accionamos cambiamos más por menos:
Intención – Acción = Frustración
Volvamos a la protagonista-gaviota, quien dice al mirarse “nunca pude rehacer mi vida”. Frases hechas que no cuestionamos. Es que ¿puede rehacerse la vida?, nada más alejado de lo real, rehacer la vida es una quimera, un imposible. La vida no se re-hace, así cambiemos de casa, de pareja, de país, de profesión, de rutina, la vida se sigue haciendo, no la podemos rehacer, lo hecho “hecho” está, nada mejor que aprovecharlo como punto de apoyo inclusive para hacer exactamente lo contrario. Cada decisión que tomamos puede llevarnos a cambiar de rumbo pero no a volver al inicio, lo vivido será el abono para los próximos porvenires.
El psicodrama nos permite volver al pasado para resignificarlo, para descongelarlo y habilitarnos, no para re-hacer.
La playa se transforma en aquel colectivo donde todo se detuvo. La protagonista cierra esta historia, suelta el silencio desplegando sus alas, y desde la arena una gaviota-mujer remonta vuelo. El horizonte se define, las nubes se descorren se asoma el sol.
Escenario 6: Pirámide del Sol. Teotihuacán. México. “Corre adulto corre”
Un lugar entre las pirámides del sol y de la luna va llenando las pupilas, trayendo una escena de la infancia. Un niño que corre, una madre angustiada que advierte sobre todos los peligros habidos y por haber, un padre que en silencio los acompaña.
La escena ocurre en el mismo lugar, en otro tiempo. En Teotihuacán, las principales construcciones dedicadas a las deidades, evidencian que la ciudad fue concebida con un propósito sagrado: mostrar el origen cósmico del universo y, por lo tanto, del ser humano. Las pirámides son escalonadas, estas escalinatas simbolizan los niveles de ascensión al mundo de los dioses.
-El paisaje me hablaba-relata el protagonista- era un paisaje de 40 años atrás y yo me sentía realmente como un niño de cinco años. Me provocaba correr y hablar mucho, reírme, tocar todo, curiosear y estar siempre inquieto.
Ingresa un yo auxiliar corriendo por un escenario escalonado, haciendo de espejo para que éste se vea desde afuera.
-Me emociona ver cuanta vida tiene este niño.
Con el correr de la escena las emociones suben hasta lo cúspide de la pirámide. Para finalizar, niño y adulto se abrazan. En esta ocasión no se trata de un “niño herido”, sino de un niño vital, inquieto que –al igual que Moreno- juega a ser Dios en la ciudad de los Dioses.
-¿Donde te has quedado? ¿Donde ha quedado este niño alegre, gracioso, ávido de aventuras?
-Sigo estando dentro tuyo, sólo que no me dejás salir tan a menudo.
Así comienza el diálogo, un reencuentro, un abrazo, un pedido. La escena emociona contagiando al resto de los adultos con unas inusitadas ansias de movimiento. Ganas de correr, de trepar pirámides, de escalar montañas subiendo con éxito desde el suelo al pico.
Escenario 7: Pico Truncado. Santa Cruz. “Las manos del trabajo”
La tierra de Santa Cruz no es precisamente una tierra Santa, los conflictos sociales, económicos, políticos laten estrepitosos desde el mar a la cordillera y es tanta la extensión que los ojos no alcanzan. Los pozos petroleros danzan al compás del viento, las rutas amanecen piqueteadas. El contexto histórico tiñe el paisaje de una Patagonia que no deja de ser rebelde.
y es 24 de marzo
y se cumplen 30 años del golpe militar
y 30000 desaparecidos siguen recordándonos que NUNCA MÁS
La invitación es realizar un Sociodrama al que llamamos: "Abriendo las escenas que nos quedan, por los escenarios que NUNCA MÁS". El objetivo es ver cuanto de esta historia hay en este presente, la multiplicación dramática parece inagotable y es más que elocuente: rutas que se cortan como la posibilidad de dialogar, reclamos y negociados que soplan como el viento, el reino del “no te metás” que no desaparece.
Una escena se impone, se llama “Las manos del trabajo”, el protagonista está intentando esclarecer el caso Sayago, una víctima más de este contexto, palabras que se callan, silencios que se gritan. A decir verdad no hay verdad que pueda decirse sobre su muerte, sobre tantas otras muertes.
En el escenario se van ubicando los personajes que intervienen: abogados, policías, la sociedad que mira, los miedos que oprimen el pecho, el mismo Sayago que pide justicia, y en el medio de todas las presiones el protagonista.
Cuando todo es caos ¿cómo no caer en la tentación de jugar al súper agente 86? El mirar la escena permite redimensionar las propias implicancias. Demorarse en el caos, degustarlo, desmenuzarlo en sus pequeños átomos para seguir danzando con la realidad modificándola.
"Uno debe seguir teniendo caos dentro de sí,
para dar nacimiento a una estrella danzante" Friedrich Nietzsche
Ciertamente de vez en cuando la vida nos besa en la boca, otras veces nos abofetea y ¿qué hacer entonces? ¿Ofrecer la otra mejilla? ¿Devolver las bofetadas? ¿Convertirse en un pedazo de bofe? ¿Huir? ¿Correrse? ¿Caerse? ¿Dejar de volar? ¿Darse por vencido? ¿Tomar impulso con los golpes? Las opciones forman un abanico para ventilarnos, uno elige y con esa elección la vida sigue.
Adriana Piterbarg
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